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Hoy vuelvo a mi propio lugar de culto para escribir y decir algo que por muy raro que suene, tengo la sensación de que no lo he hecho lo suficiente en mis 22 años de vida. El causante de este problema, en gran parte, es la sociedad, que nos enseña que demostrar tus sentimientos en público es motivo de sentir vergüenza. Desde que somos pequeños, nos dicen que los chicos tenemos que ser los más fuertes y que sólo las mujeres lloran. Como si los hombres tuviésemos prohibido expresar nuestros sentimientos y como si las mujeres fueran bombas de emoción que pueden detonar en cualquier momento. La sociedad se pudre, y todo cuanto hacemos es alimentar a esta carroña que nos prohíbe expresar el sentimiento más bonito de todos, el amor.

Para esta entrada en específico quiero escribir sobre el amor más puro y fuerte de todos, y por tristeza, el que menos se expresa. El amor por nuestros padres. Hoy, 29 de septiembre, es el cumpleaños de mi padre, y creo que no existe una mejor fecha en la que pueda escribir sobre este tema (salvo el cumpleaños de mi madre). Me parece sorprendente que hayan tenido que pasar tantos años para que pueda apreciar realmente todo cuanto mis padres hacen por mi. Ha sido sólo cuándo me deshice de mis ataduras sociales y psicológicas cuando pude darme cuenta de cuanto los quería. Y es triste. Es triste que en todos estos años no les haya dicho lo suficiente cuanto les quiero y cuánto los hecho de menos.

No apreciamos todo lo que nuestros padres hacen por nosotros hasta que somos adultos y miramos atrás. Ayer mismo descubrí que aunque mi padre se pasaba horas y horas jugando al ajedrez conmigo en realidad no le hacía mucha gracia, simplemente lo hacía porque él veía que me gustaba. Cuando eres joven todo cuanto miras es el futuro: cuándo llegarás a la mayoría de edad, cuándo terminarás tus estudios, cuándo empezarás a buscar un trabajo, cuándo ganarás tu propio dinero para poder comprarte todas las cosas que tus malvados padres no quieren comprarte… Y es sólo entonces, cuándo has pasado por todas esas escaleras cuando decides mirar atrás y te das cuenta de lo egoísta que has sido. Te das cuenta de todo el amor que te daban tus padres y lo poco que devolvías tu a cambio, y te da rabia. Te gustaría volver al pasado y poder meterle un par de tortazos a ese niñato que no sabe ni lo que significa la vida. Aprendemos a ser hijos cuando ya somos demasiado mayores.

Estas líneas son para mi madre, que me lo dio todo a cambio de nada. Que me llevó 9 meses en el vientre y 18 años sobre su espalda. Mi madre, que siempre me puso un hombre sobre el que llorar y una mano sobre la que apoyarme cuando me caía. La misma mano que me ayudó en mis primeros pasos y que me ha acompañado desde el primer día hasta ahora. Mi madre, que me enseñó los valores de la familia, del cariño y del apoyo incondicional. Porque para mi madre, yo soy el mejor hijo del mundo y mi hermana es la mejor hija del mundo. Y para mi, mi madre es la mejor madre del mundo. Porque madre, solo tenemos una y nunca es demasiado tarde para decirle cuánto les queremos.

Estas líneas son para mi padre, que me enseñó el valor más importante de todos, el sentido de la responsabilidad. La responsabilidad de llevar sobre sus hombros una familia. Me enseñó que el amor por la familia es 100 veces más fuerte que el amor por uno mismo, y que cuando tienes hijos todo cuanto quieres es darles lo mejor. A mi padre, que ha trabajado hasta dejarse literalmente la piel para que a mi y a mi hermana no nos faltase de nada jamás. Porque para mi padre, yo soy el mejor hijo del mundo y mi hermana es la mejor hija del mundo. Y para mi, mi padre, es el mejor padre del mundo. Porque padre, solo tenemos uno y nunca es demasiado tarde para decirle cuánto le queremos.

Hacerse mayor es parte de la vida, y aunque no nos guste es algo que debemos aprender a acoger en nuestros brazos. Para nuestros padres siempre seremos aquel niño de 5 años que lloraba a mares cuando el coche del todo a 100 no tenía piloto o aquel niño de 7 años con el que iba a comprar el pan. Ante sus ojos siempre seremos el niño con mofletes hinchados y peto de rallas que aprendió a dar sus primeros pasos en el pasillo de casa. Cada vez que nos miran, a parte de vernos como adultos nos ven como un recuerdo, nos ven como aquel niño de 8 años que corría a dormir con ellos cuando tenía una pesadilla. Porque da igual lo grande que seas y lo macho ibérico que te sientas. Para tus padres, has sido, es y serás su niño.

Es en momentos como estos en los que no puedo evitar pensar en mis futuros hijos y preguntarme cómo serán, si les haré pasar vergüenza o si algún día me agradecerán todo lo que haré por ellos. Y es que con llegar a comunicarles solamente el 5% de todo lo que me han enseñado mis padres, sé que llegarán a ser personas absolutamente increíbles. Mamá, papá, no puedo expresar realmente lo importantes que sois para mi y lo mucho que os quiero. Gracias por todos estos años, por vuestro apoyo, por vuestros consejos y sobre todo, por encima de todo eso, por vuestro amor completamente incondicional.

Feliz cumpleaños papá, disfruta de tu 33 cumpleaños (guiño, guiño). Un abrazo enorme y un beso todavía más grande aún si cabe.

Os quiero, de corazón.

Omar

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2 pensamientos en “A mis padres

  1. Una publicación muy sincera y real. A mis 26 años ahora entiendo muchas cosas que antes no, y tengo que admitir que me da mucha vergüenza decirles a mis padres todo lo que dices en el texto. Supongo que quizá me siento mal por lo poco que les he demostrado todo lo que valen, han hecho y siguen haciendo por mi. És difícil mostrar según que sentimientos. Supongo que porque has pasado tantas cosas con ellos que a veces no es tan sencillo…Tengo una hija de 4 años y…Esto que voy a decir puede sonar egoísta, pero no quiero que tarde tanto como yo en darse cuenta de lo mucho que la quiero y lo mucho que estoy luchando y que lucharé por ella. Supongo que la respuesta a mis temores es bastante sencilla, simplemente tengo que predicar con el ejemplo. Es decir que ella vea lo mucho que quiero a mis padres, demostrándoles en el día la día lo que no he demostrado hasta ahora. Se que en el fondo ellos saben cuanto les amo, y lo agradecida que estoy porque gracias a ellos soy quien soy. Pero pienso que es hora de darlo a entender con palabras, detalles, gestos y dejar a un lado la vergüenza de mostrar los sentimientos. Y sobretodo el esforzarse por hablarles y hacerles sentir como se merecen, porque quizá con las personas más cercanas realmente somos más dejados. Es decir, si tenemos un mal día lo pagamos con ellos, por ejemplo, porque sabemos que siempre van a estar ahí. El problema de los padres (y me incluyo yo, como madre) es que somos capaces de hacer cualquier cosa por nuestros hijos, y a veces, olvidamos que no podemos darlo todo, si queremos que el día de mañana ellos puedan querernos de forma fácil. Quizá estoy hablando de manera confusa, lo que quiero decir es, que a veces queremos que nos vean como héroes, y quizá tenemos que enseñarles que somos humanos y que no somos capaces de todo. Para que a ellos no les cueste luego ver que los padres también necesitamos abrazos, que necesitamos palabras de afecto, etc.

    Gracias por tu publicación, me ha hecho pensar

    • Hola Vamp,

      Hace tiempo que no escribo nada en este blog, pero ayer a la noche, nada mas llegar de un viaje vi tu comentario y me gustaría agradecrte el haber dedicado tu tiempo a leer mi blog. No te imaginas la alegría que me da saber que algo que he escrito yo pueda llegar a hacer pensar a otras personas.

      Ha pasado 1 año más o menos desde que escribí ésta entrada, y tengo que confesarte que todavía se me hace difícil expresar mis sentimientos. Me cuesta mucho decir a la cara de mis padres todo lo que he escrito, y creo que decidí escribirlo porque era la manera más fácil de decirles todo lo que quería y no podía. A mis ahora 23 años me sigue dando mucha vergüenza decirles cosas agradables a mi padres, y me da rabia. Mi madre siempre ha luchado por mantenerse cerca, siempre se ha preocupado por mí y siempre hizo todo cuanto estaba en su mano. Aún y cuando me distancié de mi padres entre los 16 y 21 años, mi madre siempre siguió intentando acercarse. Lo cierto es que a veces, por mucho que nuestros padres intenten mantenernos cerca, las situaciones que vivimos o sufrimos nos distancian de ellos y es solo el propio hij@ el que puede re-estabelcer este vínculo.

      Yo todavía no soy padre, pero ese egoísmo que sientes está completamente justificado y te deseo toda la suerte del mundo en poder educar a tu hija el valor de la familia. Como tú bien dices, la mejor manera de hacer ver a tu hija el “valor” de la familia es predicando con el ejemplo. Estoy completamente de acuerdo contigo con lo “llevarse el trabajo a casa”, si tenemos un mal día en el trabajo o si algo nos sienta mal, en españa tenemos esta costumbre de pagarlo con el que menos se lo merece (padres, amigos, pareja…).

      Me ha dado mucho que pensar la parte que mencionas de “ver a nuestros padres como héroes”, y esa frase me ha hecho conectar una parte de mi infancia con cómo soy hoy en día. Así como mi madre siempre fue “más humana”, mi padre siempre ejerció ese rol de héroe que mencionas. No es que estuviese mal, con mi padre todo era divertido, pero no fui capaz de ver su lado “humano” hasta hace 2 años. Mi padre nunca me mostró cuando estaba triste o preocupado y eso marcó mi manera de ser, el famoso “un hombre nunca muestra sus sentimientos”. Como tu bien dices, como hijos a veces necesitamos ver que nuestros padres sienten lo mismo que nosotros, y que cuando un/a hij@ está triste o preocupado éste sentimiento se transmite a los padres.

      Yo te recomiendo que vayas demostrando tu afecto poco a poco. Al principio se te hará todo muy incómodo. Para mí escribir fue una fuente de liberación, fue la manera de empezar. Tienes que encontrar tu propia manera de expresarte, la que te haga sentirte cómoda contigo misma. Después podrás subir el nivel a otros métodos. Como ejemplo, 6 meses después de escribir esta entrada, para el cumpleaños de mi madre grabé un vídeo en el cual grabé testimonios de su familia y amigos cercanos y lo monté todo en una película de 1 hora. Esta película era un resumén de la vida de mi madre.

      Te deseo mucha suerte con tu hija y con tus padres.

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