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Es a estas horas de la mañana y después de unas cuantas cañas cuando uno empieza a ponerse melancólico. Hace mil que no escribo nada. No he tenido motivos, he estado ocupado y he sido feliz. Joder que si lo he sido. Alguien me dijo alguna vez que normalmente sólo escribimos cuando estamos tristes, apagados o demasiado pensativos. Digo con total franqueza, que antaño aquellos fueron en el 90% de los casos mis motivos. Hoy sin embargo, me gustaría hacer una oda a la alegría. Me gustaría revivir con vosotros lo que significa llorar de alegría.

He llegado apenas hace 15 minutos a mi piso con grandes intenciones de escribir las 20 páginas que me quedan para terminar mi informe de fin de grado. Me he preparado 1 litro de Russian Earl Gray Tea y me he puesto a ello. Al abrir el documento he notado algo que hacía tiempo que había dejado de sentir. Miedo. He sentido miedo. Miedo de escribir el último punto de este informe de 70-80 páginas y saber que todo ha terminado. He notado un vacío que no tengo ni idea de cómo rellenar. La verdad es que por un breve instante me he sentido perdido. Como si una fracción de mi fuese a desprenderse de mi sin poder hacer nada respecto a ello.

Me desnudaré ante vosotros, y contaré todo sin tapujos.

Hoy estamos a 2 de octubre, dos chicas que apenas conozco y yo vamos de camino a Bayona a firmar lo que esperamos que sea un año inolvidable. Estoy un poco cortado, intimidado e intento no hablar mucho. Llevamos un par de meses hablando pero todavía tengo cierto miedo a no ser completamente aceptado, espero que estas dos chicas sean simpáticas y no de esa clase de carroña que despotrica cuándo les das la espalda. Parecen muy simpáticas… Pero joder, estoy la ostia de nervioso. Por fin llegamos a Francia. Me siento intimidado, perdido, como un cachorro en busca de su madre ¿Quién cojones me mandaría venir a Francia sin hablar ni una puta palabra de francés? Nada más pisar las escaleras de entrada a la universidad 50 cabezas se giran al unísono. Gabachos, malditos repipis. Visitamos a Perrine, una chica muy simpática que habla español. Menos mal de verdad, alguien que habla cristiano. Nos conduce a lo que será nuestro hogar a partir del 22 de octubre. Una residencia a las afueras de Bayona que se llama Arancette. Nos dan las llaves de nuestro piso y nos acompañan a nuestras habitaciones. Tengo champiñones en el suelo de mi baño y una humedad de tres pares de cojones, es perfecto. La muchacha de la residencia me habla como si fuese cortito, y la verdad es que no le entiendo ni medio pijo, fingiré entender y afirmaré con la cabeza. El tour termina y decidimos comer en Bayona. Aparcamos en el único parking de Bayona que conocemos y decidimos andar a algún restaurante cercano. La velada es tranquila, agradable, tengo buenas vibraciones.

Hoy es 26 de junio, dos chicas que aprecio con todo mi corazón partirán de Bayona de lo que ha sido una experiencia inolvidable. Me acabo de despedir de una de ellas y aunque pensase que no me iba a afectar mucho, de camino a casa una sombra ha empezado a trepar por mi espalda. Me despediré de la otra el lunes y temo romper. Estoy triste, pero alegre por haber tenido la oportunidad de conocer a 2 personas tan formidables y absolutamente excepcionales. Me he sentido como un hermano, un padre, un hijo, un psicólogo y un compañero de fatigas. No cambiaría mi estancia en Bayona simplemente por vuestra presencia, ESTIA sin vosotras no habría sido ni de lejos lo mismo. Tampoco me olvido de las rezagadas que decidieron coger un piso en vez de venir con nosotros a la residencia. Una rubia sincera y directa, pero con un corazón que no le cabe en el pecho. Recordaré cada minuto de aquel viaje a Londres, que para mí fue perfecto. Rodeado de 3 chicas que quiero con toda mi alma y con la que me he sentido como en una familia. Acogido por Francia y acunado por sus personas. Conocí a 3 chilenos que jamás olvidaré y a los que espero poder visitar en la que se me presente la mínima ocasión. Mis guarros. De todas las despedidas que he tenido que hacer, la de ellos fue la más dura. Y no hay una sola semana en la que no piense en lo mucho que se les echa de menos. Uno a uno, todos han ido cayendo, todas las personas que he conocido en esta estancia han ido partiendo, llevándose consigo una parte de mí. Esto cada vez está más vacío… Y sé que pronto todos tomaremos diferentes caminos.

Puedo mencionaros a todos, navarros, vizcaínas, chilenos, mexicanos, mexicanas, franceses, francesas, japoneses, laosianos, colombianas, italianos, irlandesas, chinos… He intentado mencionar todos pero probablemente me olvidaré de alguno. Gracias de corazón. A todos y cada uno de vosotros por haber formado parte de lo que para mí ha sido una experiencia inolvidable. Os deseo la mayor fortuna posible en la vida.

El té está frío. En sus posos leo mi futuro, mi rayo de sol.

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