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Echo de menos ser niño. Cada día que pasa te vas dando cuenta de que algún día tendrás muchas responsabilidades. Demasiadas quizás. Y todo esto me da morriña. Nostalgia. Por lo que una vez fui y por mucho que me esfuerce, jamás seré. Echo de menos esos partidos en la plaza del pueblo, 20 niños contra otros 20, eso sí que era fútbol. 40 niños en menos de 100 metros cuadrados rodeados de una floristería, una tienda de alfombras y una pescadería. Aquello era una batalla campal. Y las tiendas con la puerta abierta claro… ¿Sabéis la cantidad de balones que perdíamos en las tiendas? Cada vez que el balón entraba en una tienda nuestra única responsabilidad era pensar quién tenía que entrar a la tienda. La respuesta a esta pregunta era simple, mas que simple, lógica. Quien la tira la busca. El método científico para evitar discusiones. Una vez dentro de la tienda solo te quedaba rezar para que te devolviesen el balón y para que no hubieses roto nada.

¿Y cuándo nos quedábamos sin balón? Pues no hay problema, a los tazos, a los gogos o a los cromos. Tazos de Pokemon, Digimon, DragonBall… Daba igual, cada año cambiaban… Y no te podías quedar atrás claro, porque si no nadie quería jugar contigo ¿Sabéis cuál era mi mayor alegría a los 12-14 años? Que me tocasen 2 tazos en la misma bolsa. Te sentías un semidios, tocado por la gracia de los dioses. Eso, y que al beber una cantimplora me tocase otra gratis… Pequeños detalles que me hacían sentir el niño más afortunado del planeta. Joder, como añoro todo eso.

Hablo de la época de Linkin Park, Green Day, Ska-P, Mago de Öz, Estopa, Simple Plan… Bandas que me marcaron hasta la médula. Bandas que siempre llevaba en mi “riñonera” para Discman y CDs. Esta riñonera o mariconera era cuadrada, enorme, y normalmente era de alguna marca. La mía era de Estopa, verde, venía de regalo con el disco “Destrangis”. En la bolsita siempre llevábamos todos los CD-s que teníamos en casa más los que nos dejaban nuestros colegas. También recuerdo mi Discman, tuneado con las pegatinas de las pipas Grefusa. Todavía lo guardo por los buenos recuerdos que me trae. Iba conmigo a todos los viajes, y en caso de que hubiese algún bache a darle un par de golpecitos para que el CD no se parase.

Recuerdo mi primer móvil a los 14 años. Un móvil de casi 25cm-s que sólo servía para llamar, y joder, me sentía más que importante, me sentía de Wall Street. Recuerdo mi segundo móvil, ¡Un Siemens gris y blanco con la pantalla en naranja y negro y con el fondo de una rana en la pantalla principal que además podía enviar mensajes! Eso era una puñetera pasada. Y cuando salió el móvil con pantalla a color ya ni hablamos… Menudos gráficos… Y vaya pedazo de juegos. Luego vinieron los móviles con cámara y los Motorola M3 (si mal no recuerdo) que todos queríamos porque el diseño era un pasote. Y los malditos infrarrojos… 8 minutos con los dos móviles en la mano para una canción de 3 megas.

Éramos felices, despreocupados. Crecimos muy rápido. Lo más triste de todo es que ahora, las nuevas generaciones ya no saben ser niños. Se les ha olvidado reír y hacer el payaso. Pasan más tiempo mirándose en el espejo la posición de la gorra que jugando. No saben lo que significa tener 30 minutos de recreo y subir a clase sudando cual alma que se ha llevado el diablo porque están demasiado ocupados mirando su puto estado del Tuenti o Facebook. Me da rabia, me entristece…

El último día antes de venir a Francia vi a un chiquillo de unos 14-16 años con una bolsa de canicas en Tolosa. No pude evitar sonreír. Por fin alguien a quién le gusta ser niño.

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