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Si hay algo de lo que vosotros los seres humanos no habéis podido ni podéis presumir es de la capacidad de volar. Esa impotencia, rabia y envidia que os corroe por dentro al ver el vuelo de un pájaro. Las ganas de huir de la monotonía, que os persigue con un reloj de sol, sonriente y a sabiendas de que tarde o temprano caeréis en sus frías garras. Esa es la sensación de la que os hablo.

Pero como todo en esta vida, existen excepciones. Cuando a uno se le da la oportunidad de dejar en jaque al reloj y no la aprovecha, su alma lo come por dentro hasta que logre liberarse. No sé a cuantos os resultará conocida la narración de Ícaro de la mitología griega, o para aclararnos, mi mito.

…………………………..

Mi historia comienza en una torre… Año 846 antes de Cristo. Mi padre, Dédalo, y yo nos encontrábamos encerrados en una torre a merced de Minos. Esta torre, tenía 50 metros de alto, y toda la luz que entraba provenía de una abertura que había en el techo. No había ni ventanas ni paja sobre la cual dormir. Nada. La única visita que teníamos era la del guarda, para darnos comida y agua.

Mi padre trabajaba día y noche construyendo alas para que su majestad nos perdonase la vida. Pasaron años, décadas, y justo cuando pensaba que el día de mi juicio final estaba al caer, mi padre se puso las alas que había estado construyendo desde hacía 1 año y emprendimos la huida. Nunca supe de la existencia de esas alas hasta ese día, y sinceramente, me cabreó mucho que no contara conmigo para ese plan. Sin embargo, más tarde me confesaría que todo cuanto hizo fue para no ponerme en peligro.

Esos 50 metros hacia la libertad fueron como el grito de un soldado antes de emprender el ataque o como la ira de un león al cual acaban de matar a su cachorro. La adrenalina empezó a correr por mis venas, y finalmente, libertad.

Al salir de aquella mazmorra todo cuanto recuerdo es un dolor intenso en los ojos debido a la claridad y la suave brisa que acariciaba nuestras caras. Después de décadas inhalando el aire contaminado de las mazmorras, el simple gesto de volver respirar aire puro nos hizo llegar al cielo. En teoría éramos libres, pero no teníamos escapatoria Minos controlaba toda la mar que rodeaba Creta. Había que idear un plan… y no teníamos mucho tiempo. Así, que decidimos escondernos en las laderas del Monte Ida, hasta que mi padre hallase alguna salida. Ambos sabíamos que la única manera de escapar era por aire, y entonces sucedió…

Nunca podré borrarme aquella mañana de mi memoria. Mi padre, me dijo que me iba a construir unas alas con: plumas, hilo y cera. Se me puso el corazón a mil, y mi padre aprovechó este entusiasmo para explicarme como debía de volar. Todo era muy simple, ni muy alto (para que el sol no derritiese la cera), ni muy bajo (para que la mar no me mojase las alas). A partir de aquí perdí la noción del tiempo, ya no esperaba a que se hiciese de noche para irme a la cama, esperaba a que mi padre dejara de trabajar. No recuerdo a ciencia exacta cuantos días pasaron, pero sí recuerdo que solo me dormí 4 veces. Mi padre trabajaba día y noche, sin descanso, a contratiempo. Finalmente, mis alas estaban listas para usarse.

Mi padre quería que las estrenase como un titán, así que emprendimos el viaje hacia la cumbre del Monte Ida. Una vez llegamos a la cima una sensación de paz interior invadió mi ser, una sensación indescriptible. Pero semejante a estar en medio del Océano sin más ruidos que los de la mar chocando contra tu barca. Sin embargo, esta sensación pronto acabaría, pues justo después de ponerme las alas y mirar al vacío los pies se me anclaron al suelo, no podía saltar. Entonces, en ese preciso momento mi padre me empujó al vacío. Temí por mi vida, pero ese temor solo duró una millonésima parte de segundo, pues pronto me hallaba volando sobre las bastas islas de Samaos, Delos y Lebrintos.

Lo que aconteció después fue y ha sido el mayor error de mi vida. Cuando te encuentras a semejante altura tienes la sensación de que te puedes comer el mundo, de que eres invencible y que nada ni nadie podrá contigo. Podréis deducir que todo esto no es más que una sobredosis de ego. Empecé a escalar el cielo a una velocidad de miedo, me aferraba a las nubes con la sensación de que entre mis manos de destruían. Mi padre, gritaba desesperado entre lágrimas que parase, que las alas no aguantarían mucho más. Yo en mi ingenua sabiduría era como un animal en busca de una presa, no iba a parar hasta que mi corazón se helase. Cuando me di cuenta de la tontería que estaba cometiendo era demasiado tarde, el mar echó un ancla sobre mi cuello y tiro de la cadena que la ataba como si no hubiera mañana.

No duró más de un suspiro el ancla sobre mi cuello. La vida se me escapa de las manos a medida que caía en un lo que, a pesar de la brevedad, se me estaba haciendo como un pozo sin fondo. Saber que vas a morir reventando en un millón de trozos no puede ser descrita como una sensación agradable. Mi cuerpo aterrizó en una isla, y mi padre, que vio el acontecimiento en primera persona, bajó a investigar la mínima posibilidad de que hubiese sobrevivido. Sabía que era imposible sobrevivir a tal caída, pero se negaba a aceptar la realidad. Se quedo mirando a mi cuerpo sin vida sin saber que decir.

Es difícil explicar lo que supone la muerte de un hijo para un padre, todo cuanto sé es que soltó un grito desgarrador a medida que su alma huía de su ser, dejando a sus espaldas un hombre muerto por dentro.

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Mi nombre es Íqaro, y desde hace dos milenios y medio vago por un mundo ideal. En este mundo, como Platón afirmaba, se hallan las formas perfectas de vuestro mundo.

Cuando una persona muere, su alma se eleva hasta este mundo, y una vez llega a este, no tarda más de 5 segundos en reencarnarse en otro ser humano. Yo sin embargo he sido castigado por los Dioses, -dado que no hice caso de los consejos de mi padre- y nunca más volveré a bajar a ese mundo sentimental, vuestro mundo. Por lo cual, ahora me dedico a investigar al ser humano.

He visto la evolución del ser humano los últimos 2500 años, y todo podría ser descrito con 5 palabras: avaricia, venganza, tristeza, destrucción y consumismo. Os movéis como los felinos, sin hacer uso de la razón y sentimientos con los que los dioses os dotaron. No os dais cuenta de que el mundo está constantemente con una soga al cuello, y que en el momento menos pensado la tabla sobre la cual se sostiene este cederá, acabando con todo cuanto conocemos. El mundo os manda señales, pero vosotros preferís no escucharlas…

No obstante, no todo es malo, y hay algo que echo de menos de vuestro mundo. Cuando el cuerpo muere, el alma huye de este llevándose consigo solo la razón. Los sentimientos, son dejados atrás en el cuerpo, al igual que la personalidad del difunto, por lo tanto, aquí arriba, nadie siente nada. No hay odio, ni amor, ni tristeza, ni alegría… No hay nada, solo conocimiento y perfección. Los días son monótonos y todo está milimétricamente calculado.

Estoy harto… Y lo peor de todo es, que es imposible escapar de este mundo.

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2 pensamientos en “Σχετικά με εμένα

  1. Iqaro, no te puedes imaginar como me alegra el hecho de que un nombre que, con inesperada trivialidad se me presentó, te haya dado pie a empezar con una empresa de semejante grandeza.

    Una historia increible, fruto de un instructor mito y tu imparable imaginación… Una arrolladora autobiografía.

    Sigue escribiendo; sabes que en algun recóndito lugar del universo; en un paso entre el mundo real y el ideal; en un cementerio… de elefantes… habra alguien que te siga leyendo y que te apoye.

    Gran trabajo.

    Levi

  2. Nuevo en este mundillo yo tambien quiero felicitarte por tu gran historia, aunque vayamos por distintos caminos de la filosofia y de la vida, cada uno elige la que tiene mas cosas para dar. Tu, huyendo hacia el pasado para contar tu historia yo me aferro a lo moderno, a juntar las piezas de lo nuevo con lo antiguo.

    Felicidades

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